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domingo, 8 de enero de 2012

Hacia la ortografía


Por fin, "La ortografía puntúa en Internet". De base griega orthos y graphein, es decir, escribir correctamente. Más vale tarde que nunca. Permítaseme echar mano al conocido refrán tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe para resumir las características del tipo de escritura al que se refiere este magnífico artículo. Este se hace eco del costumbrismo caligráfico un tanto enmascarado, casi en clave, practicado en la Red por determinados colectivos. El cántaro simboliza la caída de hasta un "50% en las ventas", según un análisis realizado para averiguar el porqué de tal caída. La razones aducidas para mantener esta conclusión: "cuando se vende o se comunica en Internet, el 99% del tiempo se usa la palabra escrita". La palabra escrita se basa en normas irrenunciables de cara al público en general. La referencia al hoygan (limítese el estimado lector simplemente a su versión en audio para conocer su sentido real) resulta revelador hasta donde llega el ingenio 'creativo' de sus autores.

Uno de los argumentos utilizados en el artículo dice que "el uso de la lengua va ligado al intelecto de los seres humanos". Una perogrullada, desde luego, siempre y cuando este uso tan peculiar no sea generalizado. Concluye que "si hay un problema no es de la Red, sino de la educación. Quien tiene que enseñar ortografía no es Google, es la enseñanza". Una verdad como un templo. Sirvan las supuestas caídas de ventas y el uso público de la escritura del tan deseado acicate a los colectivos implicados para sobrellevar dichas estrecheces de mira de cara a un uso del lenguaje más accesible a todos, un esfuerzo hacia la ortografía, que en buena parte ya podría plasmarse fácilmente en las tempranas etapas de la enseñanza.

Pato


martes, 3 de enero de 2012

El capital humano


Así podría resumirse la salida al extranjero de tantos españoles con buena formación. Un artículo publicado al respecto por EL PAÍS el 26-12-2011 pone el dedo en la llaga. "Es muy inquietante haber formado magníficamente a una población que ahora se la mandemos a los países desarrollados", esta es una de las frases más destacadas de cara a la pérdida de este capital humano. Aparte de este factor, detrás de esto se esconden criterios de calado en materia formativa y económica.

La emigración de este colectivo no se debe exclusivamente a la crisis, porque las consecuencias de esta también la padecen otros países. Lo que hay detrás de esta lacra en España es, lisa y llanamente, la falta de una infraestructura adecuada, es decir, de un tejido industrial que permita absorber a tantos jóvenes con la citada formación. Algo que, desde luego, no se solucionará teniendo en cuenta la inexistencia, a partir de ahora, de un Ministerio de Ciencia, una de las piezas clave en materia formativa a la altura de nuestros tiempos.

Con todo, cabe esperar que las demás medidas antidéficit previstas por el nuevo Gobierno sean suficientes para detener esta sangría de las arcas públicas, que supone la obligada socialización de costes y la privatización de ganancias por parte de este colectivo.

Pato


Otros tiempos, los mismos males: sí , pero ...



"Emigrantes otra vez", un magnífico artículo que, por lo visto, revela un problema estructural de España que está íntimamente ligado a su infraestructura, por lo que el título también podría haber sido "Infraestructura otra vez". Pero vamos por partes. Ha pasado medio siglo desde la temporada alta de los flujos migratorios hacia el oeste, centro y norte de Europa. También corrían tiempos difíciles. Limitémonos, por conveniencia, a la corriente de emigrantes españoles con destino a Alemania, procedentes de una España cuya infraestructura no estaba preparada para darles trabajo. Esta laguna la cubría Alemania donde el boom económico necesitaba muchos trabajadores manuales en la industria del metal y del carbón, mayormente de modesta cualificación. En aquel entonces esta mano de obra aún se ganaba sus habichuelas sin complicaciones, además ya iba contratada a su destino y mandaba las preciadas divisas necesarias para el sustento de sus familiares en origen. Era la época de los gastarbeiter, los trabajadores huéspedes, como los llamaban en Alemania, en los años de bonanza económica de los 60 y parte de los 70.

La España actual ha vuelto a las andadas, por así decirlo. La precariedad del mercado laboral vuelve a dejar sus huellas ante su manifiesta falta de capacidad de absorción. De ahí que el quid de la cuestión se halle de nuevo en una infraestructura incapaz de absorber a tantos en busca de un trabajo digno y acorde con su formación. Si bien para los actuales emigrantes económicos el "país propio deja de ser el país apropiado", muchos de ellos forman parte de la generación mejor preparada de la historia, algo imprescindible pará abrirse camino en un mercado laboral globalizado cada vez más exigente. Si la economía del país no les pone las condiciones apropiadas para colocarse, ellos están preparados para recoger el guante lanzado por las exigencias laborales de otros mercados que sepan valorar sus formación. Ahora el pero sí vale.

Pato